¿Quiénes somos?
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Desarrollar y suministrar soluciones integrales en productos y servicios para la industria de alimentos con altos estándares de calidad, innovación y sostenibilidad, orientadas a satisfacer las necesidades de nuestros clientes, colaboradores y aliados estratégicos , fortaleciendo relaciones de valor y consolidando la expansión de Procoharinas S.A.S. en mercados nacionales e internacionales, con responsabilidad, conocimiento y compromiso con la seguridad alimentaria.
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Ser al 2030 una empresa familiar líder en soluciones para la industria de alimentos, reconocida por su confiabilidad, calidad, innovación y servicio, consolidando su presencia en mercados nacionales y LATAM. Fortalecer nuestra operación mediante la certificación en BPM, el desarrollo de nuevos productos y servicios y el aprovechamiento de canales digitales, generando mayor rentabilidad y valor para nuestros grupos de interés.
Nuestra historia
Nuestra historia comienza con Peregrino García, un hombre visionario y trabajador, dedicado a la agricultura y comprometido con mejorar la rentabilidad de su producción. Con ese objetivo, decidió crear una distribuidora para comercializar no solo sus propios cultivos, sino también productos de otros agricultores de la región.
Con el tiempo, la gente que llegaba a comprar empezó a pedir un producto en particular: harina. Peregrino comenzó entonces a adquirirla para satisfacer esa necesidad y rápidamente notó dos factores clave: una alta demanda constante y un margen atractivo. En aquella época, el mercado se abastecía con un 40% de producción nacional y un 60% importado, bajo la distribución regulada por el IDEMA, según los aforos de capacidad instalada de cada molino. Este contexto despertó en él una idea que marcaría el rumbo de la empresa.
Por esos días, Francisco, su hijo, tenía planes de radicarse en Canadá. Sin embargo, a Peregrino no le agradaba la idea de verlo partir y le propuso algo diferente: iniciarse juntos en el negocio de la molinería. Así nació un nuevo proyecto familiar.
El primer paso fue la compra del Molino La Paz, el cual operaron durante dos años. La experiencia y los buenos resultados confirmaron la rentabilidad del negocio y fortalecieron su convicción de crecer. Fue entonces cuando tomaron una decisión trascendental: construir su propio molino desde cero.
Para ello, contrataron a la reconocida firma alemana MIAG, con la cual desarrollaron un molino con capacidad para procesar 30 toneladas en 24 horas. En tan solo un año, el proyecto fue culminado con éxito.
Como parte del proceso, MIAG envió a un molinero experto nuestro bisabuelo quien permaneció en el molino para poner en marcha la operación y supervisar su correcto funcionamiento, garantizando así la calidad, eficiencia y solidez técnica desde el primer día.
De esta manera, con visión, trabajo en familia y un firme compromiso con la excelencia, nació la empresa que hoy continúa creciendo, honrando sus raíces y proyectándose hacia el futuro.
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